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Panorama agitado en la política local: mayoría simple vs mayoría absoluta

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Los comicios celebrados el 24 de mayo de 2015 en el municipio de Socuéllamos dejaron un panorama político diferenciador. Pero, ¿puede hacerse referencia a factores explicativos? Dado los resultados obtenidos, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) consiguió ganar las elecciones después de mantenerse durante veinte años en la oposición controlando al ejecutivo local. No sólo consiguió ganar, sino que además contó con el apoyo de Unión Progreso y Democracia (UPyD) para la formación de gobierno, apoyo necesario para sumar una mayoría absoluta que desbancaría al Partido Popular (PP) para seguir gobernando. Próximo a cumplirse un año del acontecimiento marcado y tras ser partícipe, como la gran parte de los vecinos, de las turbulencias, descalificaciones y supuestos dados en estos meses por aquellos que se definen como “demócratas”, veo necesario hacer una reflexión sobre la moción de censura llevada a cabo por los grupos municipales del PP y UPyD.


Así pues, distintas personalidades han calificado este hecho como vergonzoso, ruin, mezquino e incluso ilegítimo, arremetiendo contra la actual alcaldesa de Socuéllamos, Pruden Medina, y el equipo de gobierno del que hoy forma parte Mar Delgado. Veo pues, que es necesario a la hora de informar de este hecho, tener un conocimiento básico de los términos que se emplean, en el caso de no pretender ir más allá de contenidos insólitos. Por tanto, ¿Cómo se llegó a tal moción de censura? ¿Cuáles fueron los antecedentes que la provocaron?


En primer lugar, Elena García debería haber seleccionado mejor a sus asesores. Ser novata en gestión y dirección hace caer en errores, e incluso ir con severa lentitud a la hora de satisfacer las demandas de los ciudadanos. Se sabía que no se llegó a la mayoría absoluta de electores; se sabía que no tenía la confianza mayoritaria para canalizar el programa político que presentó; se sabía que necesitaba un programa en conjunto con la formación política que apoyó su investidura; sin embargo, parece que no se contaba con nada de esto. Otorgarse la autoridad moral para adueñarse de los simpatizantes que votaron a la formación UPyD es ante todo, querer crear conflicto, discordia y división en el pueblo de Socuéllamos. Por tanto, parece obvio que gobernando conforme a una mayoría simple, el gobierno debe informar, proponer, debatir y sacar el proyecto común que, junto a otros actores, le llevaron a la alcaldía.


No obstante, en las ruedas de prensa dadas en los medios de comunicación locales y en las páginas oficiales de redes sociales de ambas formaciones, en los que algunos han preferido taparse la vista y los oídos, hemos podido ser testigos de lo que ha podido ocasionar la moción: la no intromisión de la concejal Mar Delgado en asuntos de interés social, económico y político; la burocratización y bloqueo absoluto; gastar el dinero de 2016 antes de elaborar los presupuestos en los cuales se suelen programar el destino de ese dinero. Un tema bastante polémico donde varios vecinos de la escisión socialista hoy exigen rápidamente tales presupuestos, después de haber permanecido en el consistorio durante ocho meses con los presupuestos del anterior gobierno. Más bien decirles que dejen al gobierno entrante que al menos tenga un margen para elaborarlos. No cabe duda que con el dinamismo de Pruden Medina, Mar Delgado y los demás concejales del equipo de gobierno no se superará tal margen del débil gobierno anterior.


En mi opinión, es una torpeza de Elena García las estrategias políticas que ha llevado a cabo durante su mandato, más de rivalidad que de acercamiento ante el partido que le otorgó la confianza para ser alcaldesa. Se puede afirmar que no ha mantenido un enfoque acorde con la teoría de la elección racional, ni siquiera un equilibrio político. Muchos de los vecinos fuimos testigos cuando Mar Delgado pidió la dimisión en el Pleno del Ayuntamiento y, en lugar de intentar un acercamiento estratégico por parte de la exalcaldesa, ésta salió en todos los medios locales criticando el aviso dado por la concejal Delgado. Es más, la líder socialista se pronunció claramente: “disponen de mecanismos legales para hacerlo cuando estimen oportuno”. Con estas palabras dudo que hubiera armonía entre García y Delgado; más que un intento de cercanía para suavizar la discrepancias, se apeló a la arrogancia indirecta de la moción de censura expuesta en el artículo 197 de la LO 5/1985, de 19 de junio, del Régimen Electoral General.


¿Cómo se miden las cuestiones ético-morales? ¿Se tiene algún conocimiento objetivo para poner encima de la mesa esta cuestión? Puede que a muchos les guste hacer de filósofos, pero no se gobierna a través de la subjetividad, y menos aún utilizando un mandato imperativo ante los ciudadanos. Ninguna escisión ideológica debe adueñarse del total de los hechos por pertenecer a un carácter ideológico diferente al del opositor. El comportamiento individual político-social, cultural y religioso puede engañar a uno mismo, no al conjunto. Que cada cual actúe como bien le marque su criterio, en tanto que las decisiones tomadas no perjudiquen al resto.


Claro está que la forma de llegar al gobierno por parte del grupo popular ha sido democrática, legal, legítima y constitucional. No es necesario tener conocimiento profundo en el campo del Derecho o de las Ciencias Políticas para deducir el significado de dichos términos. Más bien, aquellos que lo tienen deberían ser conscientes de su verdadero significado a la hora de utilizarlos. Parece que nos excitamos a la hora de hablar de la Carta Magna llevando el argumento a un término personalista y desechando la parte sólida. Pues bien, aunque se pase por alto el léxico de la palabra, estamos ante un sistema proporcional y parlamentario donde no siempre gobierna la lista más votada, como bien hemos podido comprobar en las distintas Comunidades Autónomas y en el propio Estado.


Cuando un partido político gobierna con una mayoría absoluta otorgada por los ciudadanos es evidente que la etiqueta partidista va unida al proyecto legitimado. En cambio, cuando un partido obtiene una mayoría simple y necesita de un acuerdo o pacto con otros actores para alcanzar el gobierno no prevalece la etiqueta en sí, más bien el proyecto común de los dos o más equipos de gobierno.


La actitud y el comportamiento político que se ha tenido (y se tiene) es deleznable, todo por intentar calumniar al proyecto de gobierno actual, legítimo y legal, el cual representa a la mayor parte del pueblo. Se destroza lo legal como si de un panfleto se tratara. Ocho meses han bastado para que los ciudadanos hayan comprobado el despotismo y arbitrariedad que caracteriza al gobierno saliente. No tardaron mucho en arrancar de cuajo la placa de Don Aníbal Arenas derivando el hecho al estilo más arcaico y notándose la abogacía del diablo que había en la acción. Comentaban que al grupo popular “les dolía más que hubieran quitado la placa por la referencia al dictador”, que por el hombre que contribuyó a urbanizar nuestro pueblo, y sobre todo, a garantizar las necesidades básicas que muchos de nuestros mayores no podían costearse. Tal vez les fuera mejor si no siguieran anclados al discurso “felipista” de vincular al gobierno local del PP con épocas pasadas. Cualquier persona con una actitud de miras hacia los demás y con un mínimo de respeto hacia la familia Arenas sabe que, antecediendo al hecho, estas acciones deben aprobarse en pleno, seguido de un encargo de la placa y, en consecuencia, sustituir la una por la otra.


En suma, veo como hecho a destacar que los ciudadanos de Socuéllamos han podido sentirse desafectados políticamente. El PSOE consiguió el propósito que durante años había deseado: ganar las elecciones. Aún así, no consiguió enamorar a la gran parte de la población. De haber sido de esta forma, los ciudadanos le hubieran otorgado la mayoría absoluta sin una subida de la abstención electoral y, por tanto, no hubieran necesitado el escaño que le otorgó la plena legitimidad.

Desde el primer momento y tras comprobar los resultados electorales, el PP optó por controlar al ejecutivo entrante, dando un paso atrás en las negociaciones y entendiendo que el partido ganador debía conformar un gobierno legítimo. Dicha legitimidad la perdió el partido socialista en el momento de no saber entenderse, negociar y canalizar las demandas con su grupo dual de trabajo. UPyD, en consecuencia, se postulaba como el partido alternativo para aquellos que no se decantaban por ninguno de los dos actores tradicionales, otorgando así la llave que encaminaría la situación política. Hablamos de un grupo político que, aunque muchos lo den por muerto a escala nacional, también ha sido importante por lo que a personificación, acuerdo y negociación se refiere. Como bien dijo William James, “siempre que estés en conflicto con alguien, hay un factor que marca la diferencia entre dañar la relación; el factor es la actitud”.


A día de hoy, el pueblo desea una buena actitud entre nuestros representantes locales; la eficacia de un grupo de gobierno que canalice las necesidades y demandas sociales; que se trabaje por y para Socuéllamos y, entre todos, que no se creen disconformidades. El racismo ideológico no tiene cabida en nuestro municipio. Ante todo, consenso, respeto y tolerancia.

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