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Los bancos nos estropean la vida

Las malas prácticas bancarias llegan también a Socuéllamos para coaccionar nuestras vidas y especialmente las de nuestros mayores.
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Una nueva forma de complicarnos la vida los bancos ha llegado a Socuéllamos: la obligatoriedad de utilizar los cajeros automáticos para operaciones cotidianas tales como ingresar dinero hasta cierta cantidad, pagar recibos, ingresos para matriculaciones en cursos municipales o de academias, etc. y pronto también será obligatorio tratar con el cajero para sacar pequeñas cantidades de dinero de nuestras cuentas personales, ¡al tiempo!


Estas prácticas bancarias, seguramente ilegales, como lo son muchas de sus actuaciones cotidianas, perjudicarán enormemente a una gran cantidad de personas, especialmente a ancianos y ancianas que leen mal (o no saben leer), que tienen dificultades con las nuevas tecnologías, o que tienen grandes deficiencias en la visión, o que no poseen ya mucha habilidad en las manos… o, seguramente, varias de estas circunstancias a la vez.


Esta situación va repercutir de forma muy negativa en sus vidas ya que muchas de estas personas perderán autonomía y tendrán que pedir ayuda para realizar estas tareas que antes solucionaban en el mostrador de forma natural, por sí mismas, como ha sido toda la vida. Efectivamente, ahora necesitarán la colaboración de alguna persona cercana para ir al banco a entrar o sacar pequeñas cantidades de dinero. Porque esto afecta a las pequeñas cantidades, es decir a la mayoría de pensionistas que cobran modestas jubilaciones y que han de hacer operaciones de poco dinero para entrar y sacar de cualquier banco y así atender a sus obligaciones personales. ¡Por supuesto!, personas que llevan o retiran grandes cantidades de Euros no tendrán problemas, ¡faltaría más! A ellas sí que las atenderán personalmente.


Además, algunas entidades, tales como el Banco Santander, ni se han molestado en introducir el cajero en su propia oficina, con lo que hay que hacer colas en la calle, a 40 grados, en verano o a bajo cero, en invierno. Por no contar con los riesgos que entraña manejar dinero en la calle. ¿Se imaginan a una anciana intentando introducir billetes para pagar un recibo en un día de viento? ¿Y si un ladrón le da un empujón y le quita su dinero, quién va a responsabilizarse de este hecho? La entidad dirá que ha sido en la calle y ella nada tiene que ver y le aconsejará ir a la Policía a denunciar el caso ¿Tiene sentido esta situación?


Pues claro que sí tiene sentido, pero para las entidades ya que ellas serán las únicas beneficiadas pues van sustituyendo progresivamente empleados por máquinas y la clientela “morralla” (que somos la mayoría) no le va a hacer tener empleados tras el mostrador esperando sus insignificantes operaciones: entretienen demasiado en las oficinas, ya lo vemos cuando estamos en la cola. Ellos, a las grandes operaciones y nosotros, utilizando el autoservicio financiero. El trato personal y distinguido queda para los buenos clientes y para la publicidad que es la que importa de cara a la imagen corporativa de la entidad.


Los bancos se defienden diciendo que ayudarán a quienes tengan dificultades, pero la realidad es que obligan a aprender para que la situación se vaya normalizando y acabe por hacerse habitual. Se justifican en que es una política que utilizan todas las entidades, como si eso fuera justificativo; cuando lo que han hecho es ponerse de acuerdo para presentarlo como algo inevitable. También nos dirán ¡que lo hacen por nosotros, para adaptarnos a los nuevos tiempos! (así pretendieron explicármelo en el Santander cuando protesté).


¡Efectivamente!, se adaptan a los nuevos tiempos: estos tiempos “modernos” donde las grandes empresas van sustituyendo a trabajadores por máquinas para elevar sus cuentas de resultados, prejubilándolos con poco más de 50 años (como habrán comprobado los clientes de la antigua CCM -ahora Liberbank-) a costa de los dineros públicos y recetando para los demás el retraso de las jubilaciones hasta los 67 años (por ahora).


Denunciar estas prácticas es necesario, pero los ciudadanos, además, hemos de presentar soluciones y exigir su puesta en funcionamiento. Así pues, ahí van algunas propuestas:


1ª.- Quejarse, oral y por escrito ¡y mucho!, en las entidades cuando nos manden al cajero. Pedir que lo hagan ellos y no facilitarles la labor. Si esto entretiene, mejor. Así tendrán consecuencias que no les gustarán ¡Y exigir justificante oficial de nuestra queja! (si no sabemos redactarlo, vamos a la Oficina Municipal de Consumo -OMIC-, en el Ayuntamiento, a que nos ayuden). Los jóvenes también deben de quejarse y empatizar con sus mayores. Ellos ni siquiera habrán reparado, pues están familiarizados con las nuevas tecnologías y las nuevas maneras de vivir, pero sus abuelos y abuelas, no y también serán ancianos algún día y necesitarán personas, y no máquinas, que les asesoren y les ayuden.


2ª.- Denunciar en la OMIC y pedir que los técnicos de dicha Oficina se personen en las entidades para negociar. Si hay muchas denuncias, la Junta de Comunidades tendrá que tomar carta en el asunto.


3ª.- Amenazar con retirar nuestras cuentas (esta medida es muy dolorosa para las entidades, especialmente si cobramos la pensión allí) y trasladarla hasta otra que no utilice estas prácticas.


4ª.- Exigir a nuestra Alcaldesa y a las concejalías implicadas, que se preocupen de este problema y empiecen a exigir a las entidades (ya se lo propuse en el último Pleno del Ayuntamiento), amenazando con no utilizar sus servicios en las tareas cotidianas del Ayuntamiento y premiar a aquellas otras que mantengan el trato tradicional (hay oficinas que cobran recibos municipales en mostrador y otras que te obligan a utilizar el cajero). El Ayuntamiento tiene mucho poder ya que mueve gran cantidad de dinero y seguro que puede presionar de forma muy eficaz. Todos los concejales y concejalas deben empujar en esta dirección y el Pleno Municipal debería comprometerse y pronunciarse pues nos representan y deben velar por los intereses de los ciudadanos y ciudadanas, especialmente los de las personas más vulnerables.


5ª.- Las Asociaciones de Jubilados/as, con sus responsables a la cabeza deben presionar con decisión.


6ª.- Entidades como la Cooperativa y los diversos Grupos de Transformación, también deben pensar en sus asociados, entre los cuales hay muchos de avanzada edad. Globalcaja y Caja Rural (estas entidades parece que todavía no han puesto en marcha las prácticas aquí criticadas) seguro que son muy sensibles a estas posibles presiones de sus asociados agricultores.


La estrategia reivindicativa es bien sencilla y este es el mensaje que debemos transmitirles: si ustedes no colaboran con nosotros, aconsejaremos a nuestros representados que cambien sus cuentas a otras entidades que sí lo hagan (o lo haremos nosotros mismos, si actuamos individualmente) ¡Verán como entienden muy bien el mensaje!


Si la ciudadanía no nos hacemos oír y no nos organizamos para defender nuestros intereses, alguien nos organizará para que vivamos según los interese suyos y elevarán sus poderosas voces para decirnos que lo hacen por nuestro bien y en defensa de nuestros derechos: la demagogia funciona.


No se dejen convencer por aquellos empleados que actúan como siervos de sus amos banqueros, y cuando les quieran dar falsos argumentos a favor del futuro, de la tecnología y de que hay que adaptarse a los nuevos tiempos, respóndales que ustedes no tienen tiempo para hacer esperar a sus necesidades, que el futuro de las personas ancianas es poder vivir con dignidad ahora mismo. Díganles que los cajeros están muy bien, pero como alternativa y no como obligación y, finalmente, ¡EXIJAN QUE LES ATIENDAN PRONTO Y BIEN!, que la oficina bancaria es una entidad comercial y tienen obligaciones hacia ustedes, sus clientes, y ya saben: ¡”LOS CLIENTES SIEMPRE TIENEN RAZÓN”! (especialmente en este caso que nos ha ocupado este artículo).




David Gento Alcolea