Crítica de la película Madres paralelas: Penélope Cruz protagoniza Pedro Almodóvar

Reparto de Madres Paralelas: Penélope Cruz, Melina Smit, Israel Eligalde, Rossi de Palma
Director de la película Madres Paralelas: Pedro Almodóvar
Calificación de la película Madres paralelas: 4 estrellas

De la cuna a la tumba, la última historia de Pedro Almodóvar es una historia de reconciliación y pérdida, un futuro compartido unido al pasado, nacimiento, familia y memoria, a través de una larga línea de mujeres que lo unen todo.

A primera vista, se trata de dos mujeres, una cuarentona, Janice (Cruz), y la otra todavía adolescente, Anna (Smit), que entablan amistad debido al trabajo compartido en una habitación de hospital. Es hortera como se pone. En la familia unida de Janis y la amiga constante Elena (la favorita de Almodóvar de Palma), en contraste con el hogar disfuncional de Anna, tememos más trampas por delante. En una exploración de las «buenas madres» y lo que les sucede a las que no tienen «instintos maternales», es una frase cliché.

Sin embargo, poco nos prepara sobre cómo la película teje lo personal y lo político, dejando a Janis confrontando sus propios prejuicios e inseguridades y encontrando conexiones, incluso mientras busca justicia por lo que le sucedió a su bisabuelo. Fue una de las primeras víctimas de la brutal represión del general Franco en España y fue enterrado en una fosa común en las afueras de su ciudad natal. Para encontrarlo y consolarlo, Janice recurre al antropólogo forense Arturo (Elegaldi), quien forma parte del Proyecto Memoria Histórica.

Arturo es un tema atractivo en una sesión de fotos muy improbable, Janice retratada con ojos de artista, su casa llena de retratos de hombres y mujeres (pero sobre todo mujeres) del pasado. La atracción es evidente, y después de un largo rato, en una de esas escenas solemnes en las que una cortina blanca ondea desde la ventana de una elegante habitación de hotel, hacen el amor abrazados a Janice.

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Es el vínculo con el pasado lo que los mantiene unidos, y uno pronto se da cuenta de lo que también podría estar detrás de la amistad instantánea de Janice con Anna. Al igual que su ciudad natal, compuesta casi en su totalidad por parientes lejanos y viejos amigos, y dado que se trata de una película de Almodóvar, las casas pintorescas están llenas de ricas paletas y gustos, Janice ha vivido toda su vida en memoria de lo que todos estos españoles han hecho antes. Se ha transmitido de generación en generación con gran detalle, y los recuerdos están casi congelados en «esa tarde», «esa comida», «esa noche», cuando «vinieron a buscar» a un bisabuelo, un tío o un prima.

Almodóvar admitió que pensó que podía perderse este período de la historia de España si no hablaba de él en sus películas. Ahora, al construir esta película altamente sensible al respecto, muestra lo inevitable.

Si bien Cruz, nominada al Oscar, es muy, muy buena como mujer que enfrenta la maternidad, la pérdida y la paz, Smit la iguala paso a paso a pesar de su evidente y deslumbrante juventud. A veces, es inquietante cómo su destrozada historia personal se fusiona con la verdad más amplia; Almodóvar a menudo ansía esforzarse por dibujar esta analogía.

Sin embargo, nuestra demanda de enfrentar el costo de las mentiras tácitas no da resultado. Como, dice, citando al escritor uruguayo Eduardo Galeano, «no hay historia muda».

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